La Alabarda

(Hay que buscar algo por internet pero es ante todo un acertijo)

Durante la guerra 1914-1918 fue descubierta la tumba de un soldado

francés muerto el último día de un mes durante otra guerra, en Italia. La alabarda del soldado se encontraba a su lado.

El producto del día del mes inscrito en la lápida por la longitud en pies de la alabarda, por la mitad de los años transcurridos entre la muerte del soldado y el descubrimiento de su tumba, y finalmente por la mitad de la edad del comandante francés de la expedición en que murió el

soldado, es igual a 451.066.

¿Quién era el comandante francés?

Los dos ladrones

En un país remoto dos ladrones, Pat y Pot, intentaron robar en el palacio del rey, siendo capturados y encerrados en dos mazmorras totalmente incomunicadas.

El rey (gran aficionado a las matemáticas), al cabo de unos días, les ofreció una posibilidad de salvación. Introdujo piedras en dos bolsas y les planteó la condición de conseguir la libertad: averiguar la cantidad de piedras que había en cada bolsa sabiendo que en cada una había más de una, admitiendo una sola respuesta.

A Pot le dio, como pista, el producto de las dos cantidades. Al momento, Pot dio la respuesta correcta y salió libre.

A Pat le desveló la suma de las dos cantidades: 15. Caviló y caviló Pat durante un tiempo sin dar con una solución adecuada hasta que el rey, compadecido, le dijo que Pot había resuelto el problema inmediatamente. Al saber esto, Pat razonó y dio la respuesta correcta… y también consiguió la libertad.

¿Cuántas piedras había en cada bolsa?

La lógica invencible

Hace unos día tuve el honor de asistir a un importante congreso. No me puedo acordar ahora de qué se trataba. Lo que sé es que participaron 27 delegados de varios países, y esto lo sé porque Varelita, el portero, me contó que cada uno de los delegados había recibido una letra distinta y que llenaron el abecedario desde la A hasta la Z. Para no despertar susceptibilidades debo aclarar que no usaron ni la CH ni la LL. Yo, como vendedor autorizado de café, no conocía la letra de nadie en particular, ya que no andaban mostrándola. Eso sí, al rato me enteré por boca de Varelita que cinco de los delegados eran uruguayos como mi suegra, y que habían recibido letras consecutivas. me picó la curiosidad. En la primera ocasión que aparecieron los cinco uruguayos a pedirme la infusión aromática, aproveché para preguntarle a cada uno: «Perdón, doctor, ¿a usted le asignaron una vocal?». No estaban muy conversadores los uruguayos, pero la cuestión es que cada uno me respondió con «sí» o con «no», según el caso. Esa misma noche, Varelita me preguntó:

-¿Te pareció que decían la verdad esos uruguayos?

-Juro que no sabría decirlo -respondí.

-¿Y si te dijera que había entre ellos más mentirosos que veraces?-insistió él.

`-Entonces, Varelita, sabría yo con seguridad la letra de uno de los uruguayos -dije.

Suponiendo que los datos de Varelita son ciertos y que el héroe de la historia es un lógico sin falla, deduce la letra que le correspondió a uno de los uruguayos.